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El ABC DEL ESOTERISMO

EL OBJETIVO

Las acciones del ser humano son exitosas cuando de antemano él sabe qué es lo que desea obtener como fruto de su acción, siempre y cuando eso que aspira sea una posibilidad real y no una mera ficción. La actividad esotérica no escapa a esta regla y por eso lo primero que debemos preguntarnos es ¿qué buscamos alcanzar con nuestro trabajo? 

Si le hacemos la anterior pregunta a varias personas que se encuentran transitando el sendero, con seguridad recibiremos como respuesta objetivos diferentes; por ejemplo, algunas centrarán sus expectativas en la unión con Dios, otras en el desarrollo de poderes psíquicos, otras en contribuir con la paz mundial, etc. Esa disparidad de propósitos sin embargo versa  sobre las apariencias, porque en última instancia todas ellas aspiran  la felicidad, pero no hay consenso en la manera o forma de alcanzarla. 

La personal creencia acerca de lo que nos hace o hará feliz es la manifestación de un modelo subconsciente o paradigma, en cuya formación intervinieron múltiples factores culturales y también reales experiencias, de la actual encarnación y de otras que le precedieron. Sin embargo, es importante señalar que la búsqueda de la felicidad es una constante a lo largo de la historia de la humanidad y, además, que cada vez se hace más evidente que ese anhelo es lo que le da verdadero sentido a la vida. 

Al volver sobre la pregunta ¿qué buscamos alcanzar con nuestro trabajo esotérico? asumo que la respuesta que unifica los diferentes criterios es ¡la felicidad! y lo que nos queda entonces es investigar qué es lo que realmente conduce a ella o la produce. Por eso, el punto B tiene que ver con descubrir cual es el camino que lleva hacia la felicidad.

EL CAMINO.

 La segunda decisión que hemos de tomar en el trabajo esotérico consiste en elegir el camino que ha de conducirnos hacia la meta de la felicidad. Se dice que todos los caminos conducen a Roma y eso es verdad, ¿la razón? La vida del ser humano se desenvuelve a través de sucesivas encarnaciones, en las que el alma evolucionante aprende por el proceso de “ensayo y error”. Por esta vía el ser cambia una y otra vez de camino, progresando, hasta que en una etapa avanzada, cuando el alma está pronta a la madurez, él da con la senda que finalmente le lleva hasta Roma, que es el símbolo de la anhelada felicidad (noten que su escritura invertida es AMOR).

 Por lo arriba señalado, considero que tienen una visión acertada de la vida quienes la comparan con un aula de clases, en la que todo suceso importante tiene por causa algo que precisamos aprender para poder seguir creciendo en consciencia. Lo que sólo unos pocos perciben es que la vida tiene una forma de enseñar diferente a la que estamos acostumbrados. En las aulas convencionales primero nos enseñan las teorías y después nos dan los problemas para que los resolvamos aplicándolas. En el caso de la vida es a la inversa, ella primero nos pone los problemas y después, si los resolvemos, es que aprendemos las teorías, pero, mientras aprendemos, nos causamos dolor y sufrimiento por culpa de nuestra ignorancia. 

Nosotros  lo que realmente somos es “una consciencia en evolución” sometida al aprendizaje por ensayo y error. Por lo último es que considero que no hay caminos malos ni buenos, sino que para cada edad del alma hay un camino adecuado, tanto por las doctrinas que enseña como por el método que sigue. “Cuando el alumno está listo el maestro aparece”es el aforismo que señala tal coincidencia entre el buscador y el camino.

 Con base a lo antes comentado, pienso que con respecto al punto B del esoterismo cada quien debe preguntarse ¿estoy en el camino adecuado a la edad de mi alma? Y si alguien se pregunta ¿cual es la edad de mi alma? le remito a lo que dijo un filósofo árabe “Tengo la edad de mis dudas”. 

EL TRABAJO 

      Leonardo Da Vinci dijo: “Oh Dios, TU  nos  vendes todas las cosas por el precio de   un esfuerzo”. Considero que el camino que se encuentra en armonía con la edad del alma es aquel en donde el esfuerzo a pagar no produce pena ni sufrimiento sino disfrute. En correspondencia con esta apreciación las palabras de un poeta: “Me fijé un ideal … y al caminar hacia él … me enamoré del camino”.

 Este aspecto del esoterismo  tiene que ver con una permanente revisión de la relación entre el alma y el camino que ella sigue, pues el trabajo espiritual debe también dar evidencias de real progreso a la manera de ganancia de habilidad en el manejo de los asuntos del diario vivir, incluyendo lo material y económico.

 Debido a que somos “una consciencia en evolución”, no debemos sentirnos mal porque un camino que ayer colmó nuestras expectativas hoy no satisface, aún cuando a conciencia hayamos hecho un buen trabajo. Puede ser que ese camino ya nos dio todos lo que nos tenía reservado y, por consiguiente, la falta de interés es la señal que nos está avisando de que llegó el momento de cambiarlo por otro que esté en mayor armonía con la actual edad del alma, pues la última creció mientras se le recorría.

 Francisco Ascanio